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Atrapados en el Hielo: la increible historia de Ernest Shackleton

Atrapados en el Hielo: la increible historia de Ernest Shackleton

Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito.

 

Shackleton

Con este escueto anuncio publicado en 1911 en el periódico ingles The Times se inició la odisea de Ernest Shackleton y los 28 hombres que le acompañarían en su tercera expedición a la antártida, una de las historias de supervivencia extrema más increibles de la historia humana que ha llegado a nuestros dias, perfectamente documentada, en gran parte gracias a las fotografías que se conservan de la expedición y al relato de los supervivientes.

En aquel entonces, Ernest Shackleton planificaba su tercera aventura en tierras de antártico. Shackletones es hoy el explorador polar más conocido de la historia, junto a Scott y Amundsen. Carismático viajero, este explorador irlandés pasó a la historia gracias a que su tercera expedición resultó un absoluto fracaso. ¿Gracias? Si, gracias, porque una historia asi, a pesar de las penalidades sufridas, merecia ser vivida y recordada por las generaciones venideras, como toda un ejemplo de estoicismo y tozudez frente a la adversidad. Su gesta pasó a los anales de la exploración por la capacidad demostrada para resistir y superar las adversidades más extremas,  aunque ni siquiera lograron acercarse al continente antártico.

La primera expedición realizada por Ernest Shackleton fue como tercer oficial en la Expedición Antártica al mando del capitán Robert Scott, de 1901 a 1904, en la que alcanzaron un punto situado a tan solo 857 kilómetros del polo Sur. Este éxito de entonces fue logrado sin tener ninguna experiencia polar. Ni siquiera tenían experiencia en el manejo de los trineos de perros. Malcomieron durante toda la expedición debido a una mala planificación y a la toma de decisiones equivocadas, que provocaron continúas discusiones entre ellos.

Al regresar a Gran Bretaña, Shackleton empezó a pergeñar un nuevo viaje al reino helado del polo sur, la que sería su segunda expedición. En 1907 lideró la que se denominó la Expedición Antártica Imperial Británica. A bordo del buque explorador Nimrod alcanzaron la Isla de Ross, campo base desde el que realizaron incursiones al interior del continente helado. Aun no siendo alpinistas, consiguieron la primera ascensión del volcán Erebus (3.794m), encontraron un paso en el glaciar Beardmore, calcularon la posición del polo Sur magnético y cruzaron la cordillera Transantártica, a la vez que Shackleton, junto a tres de sus hombres, alcanzaron los 88º 23’ S, en un recorrido agotador que les dejó a tan sólo 180 kilómetros del polo Sur geográfico. Temiéndose lo peor, dada la situación, Shackleton decidió que lo mejor era darse la vuelta en ese punto. «Más vale burro muerto que león vivo», dijo para justificar aquella decisión.

Y nada más volver, Shackleton comenzó a preparar otra expedición para alcanzar por fin el polo Sur. En 1911 Amundsen  lograba ser el primer hombre en alcanzar el polo sur. En lugar de desanimarse, este éxito le dio fuerzas para escoger un objetivo aun más ambicioso: la travesía de costa a costa de la Antártida, pasando por el polo Sur, es decir, un viaje de casi 3.000 kilómetros a través de la zona más fría del planeta.

Ese anuncio en el diario Times era parte de los preparativos de lo que se llamó la Expedición Imperial Transantártica, que partió de Londres el 1 de agosto de 1914 a bordo de los buques ‘Endurance‘ y ‘Aurora‘. El objetivo de Shackleton era llegar a una bahía junto al Mar de Weddell, la bahía Vahsel, para intentar alcanzar desde allí el polo Sur y seguir la travesía hasta la isla de Ross, en la costa opuesta de la Antártida.

Con tan sólo 28 hombres a bordo, el buque ‘Endurance’ quedó atrapado al llegar por la banquisa helada. Permaneció atrapado y a la deriva sin poder alcanzar las costas antárticas, para finalmente, después de unos meses de agonía, acabar triturado por la presión de los hielos. El Endurance se hundió el 21 de noviembre de 1914, mientras la  tripulación observaba el hundimiento atónita. Apenas pudieron salvar nada. En el hundimiento se perdió casi todo el equipo y tuvieron que sacrificar a los perros que tenían que tirar de los trineos para poder alimentarse.

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Los 28 supervivientes del naufragio del Endurance

Esto no fue sino el principio de su aventura. Colocaron sus escasas pertenencias en los trineos de los perros sacrificados, y comenzaron a recorrer la accidentada superficie helada del Mar de Weddell, intentando llegar a la isla Paulet, a unos 554 kilómetros de su posición. A veces caminaban sobre el hielo, otras veces navegaban a bordo de  los botes que se salvaron del naufragio. Poco a poco fueron acercándose a su objetivo… pero las corrientes marinas les impidieron finalmente alcanzarlo.

Viendo que la deriva de la banquisa les boicoteaba el plan, Shackleton hizo uso de sus legendarias dotes de liderazgo, (sus hombres lo llamaban ‘el Jefe’), y cambió el rumbo para dirigirse finalmente a la isla Elefante, en el archipiélago de las Shetland del Sur, en lugar de a la isla Paulet, objetivo inicial. Sus hombres no dudaron de Shackleton y de su nuevo plan, y lograron alcanzárla en la segunda semana del mes de abril de 1915.

Una vez en la isla Elefante, Shackleton se embarcó con cinco de sus hombres en un pequeño bote a vela que se haría famoso: el ‘James Caird’. A bordo de aquella pequeña embarcación, cuya eslora era de tan sólo 6,7 metros, se enfrentaron a las azarosas aguas del paso de Drake, en una epopeya cuyo recorrido de 1.280 kilómetros la convertía en poco más que un sueño, casi un suicidio. El nuevo objetivo era la isla de San Pedro, donde entonces había una base ballenera, donde les podrían finalmente ofrecer ayuda.

Dieciséis días más tarde, tras una singladura infernal, en la que apenas durmieron, luchando contra el mal tiempo y un mar embravecido que casi acaba con ellos en más de una ocasión, ya sin una gota de agua, alcanzaron por fin la ansiada isla de Georgia del Sur. Para colmo de penalidades, el mal tiempo y los vientos sólo les permitieron la costa sur, deshabitada, quedando al norte las bases balleneras. Tres de los 5 hombres que acompañaron a Shackleton, heridos y en unas condiciones de salud más delicadas, se quedaron en la costa, mientras que Shackleton y los otros dos tripulantes partieron sin descanso en busca de la estación ballenera situada al otro lado de la isla.

Para alcanzar el otro lado de la isla, y después de la odisea de navegación hasta donde habían llegado, descartaron seguir navegando en la dañada chalupa que les llevó allí. Por tanto decidieron realizar una travesía de 35 kilómetros cruzando montañas heladas de más de 1.200 metros de altura, sin equipo de montaña, sin crampones, piolets o ropa adecuada. Treinta y seis horas de travesía sin apenas descanso (trascendió la anecdota de que Shackleton dejaba dormir 5 min a sus hombres, y seguidamente les despertaba diciendo que habían dormido más de media hora y que habia que seguir caminando) les llevó finalmente a la bahía Stormness, donde por fin, los balleneros pudieron prestarles ayuda, dando fin a su suplicio de más de dos años. El 30 de agosto de 1915, después de un épico viaje, Shackleton regresaba por fin a la isla Elefante a bordo de un buque remolcador chileno, con el que pudo rescatar por fin a sus hombres. Los 28 miembros de la expedición regresaron finalmente a Inglaterra sanos y salvos.

AllSafeAllWell

No puede decirse de ninguna manera, después de conocer la increible aventura que protagonizaron Shackleton y sus hombres, que Shackleton fracasara, mas bien al contrario: este extraordinario caso de supervivencia en las peores condiciones posibles ha demostrado el valor del trabajo en equipo y el poder del liderazgo para el logro de los objetivos más difíciles, y se estudia como ejemplo y caso de exito de gestion de crisis y liderazgo en situaciones dificiles.

Sobre la autora

Caroline Alexander, la autora de Atrapados en el Hielo, colabora habitualmente en prestigiosas publicaciones como National Geographic, The New Yorker, Smithsonian, Granta, Condé Nast Traveler y Outside. Además, fue la comisaria de la exposición “Endurance: La legendaria expedición de Shackleton”, realizada en el American Museum of Natural History en 1999, y que rememoró la increible historia de Shackleton, dando lugar finalmente a la edición de este libro, que poco después de su edición cayó en mis manos, como regalo realizado por la que acabaría siendo mi mujer. Desde luego, uno de los mejores libros que me han regalado nunca.

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(Sobrecubierta:ÒAtrapados en el hielo

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