Como
el gran Lionel Terray dijo una vez, la montaña
quizá no sea más que un ingrato desierto
de roca y hielo, sin otro valor que el que nosotros queramos
otorgarle. Pero, sobre esta materia siempre virgen, por
la fuerza creadora del espíritu cada uno puede
a su gusto moldear la imagen del ideal que persigue.
Y
así es, resulta ciertamente dificil explicar a
escépticos y ajenos a este mundo qué se
siente exactamente en lo profundo del alma, que te impulsa
a pasar penurias, dificultades e incluso a arriesgar la
vida de manera más o menos inconsciente.
En
la alta montaña se puede admirar la belleza
en estado puro y salvaje. Pero lo grande del
alpinismo es que participas de ella, te zambulles en ella,
y por un breve espacio de tiempo sientes sensaciones indescriptibles
en su seno. En la alta montaña encontraremos además
de la belleza, fraternidad, emociones sinceras, pureza
y una paz sin igual. Aquel que sienta asi todo esto, puede
decir entonces, como a mi me gusta hacer: "La Montaña
es mi Reino".