| |
|
LA
SAGRA (2.384 M)___________________ _________
La
dama solitaria
|
Enmedio
del altiplano granadino, lindando con Jaen, Murcia y Albacete,
aparece en la llanura esta mole solitaria, que se eleva
a casi 2.400 m sobre el nivel del mar. Todos los inviernos,
sobre este gigante solitario por caprichos de la geología,
las blancas nieves toman posesión de sus redondeadas
formas, aguantándolas hasta bien entrada la primavera.
| |
Impresionante
panorámica de la Sagra desde
Los Collados |
En
la cara norte de esta montaña, se encuentra un
amplio corredor, que se estrecha en su base, al que
se el conoce comunmente como "embudo". Esta
vía es la más interesante en invierno-primavera,
por lo que gran cantidad de montañeros alicantinos
y murcianos conquistan su cima todos los inviernos,
dada su proximidad (apenas 200 km desde Alicante). Su
inclinación y ambiente de alta montaña
aplaca los ardores alpinísticos lo suficiente
como para justificar su visita.
Como
en toda gran montaña solitaria, el efecto de
concentración de las lineas de flujo del viento
en la cima (un ejemplo a gran escala del efecto Venturi)
hace que sean habituales los vendavales soplando en
la cima. Y en esa situación (como ocurre en el
Moncayo o el Pico de Urbión), una humilde montaña
como esta puede mostrar sus garras y hacerte pasar un
mal rato, o al menos, pasar mucho frío...
| LA
ASCENSIÓN |
Abril
de 2007. Con un parte meteorológico no
muy favorable, decidimos acercarnos a La Sagra
para intentar conquistar su cima por la vía
del embudo. |
| |
Hemos
reservado habitación en el bien situado Hotel
Collados de la Sagra, desde donde
se puede disfrutar de las vistas que veis en la
foto de la derecha.
El
hotelito está muy bien, sencillito, limpio,
la gente simpática. Es un ambiente muy familiar,
donde traer a los churumbeles para que correteen
por el campo y lo pasen pipa.
Si
consultais la página de la Asociación
Ecologista de la Sagra podreis
ver que actualmente, al parecer, el restaurante
de "alta cocina" adosado al hotel ha resuelto
el problema que tenían de vertidos sin depurar.
Nosotros
cenamos una noche aqui, y he de decir que fue una
cena estupenda. Realmente tienen buenos cocineros.
Eso si: nos sablaron 55€ por
barba! Buff, q dolor...
|
|
| |
El
día que llegamos lo dedicamos a hacer algo
de turismo por la zona. En la carretera de los collados
a Huescar, podreis ver sequoyas gigantes, impresionantes
por su altura. Huescar es un pueblo tranquilo, con
una bonita iglesia que vale la pena visitar. Por lo
demás, como veis en las fotos de aqui arriba,
las vistas son siempre agradables, veas la montaña
desde donde la veas. |
|
|
Comenzamos
la ascensión...
|
Tras
el día de turismo y dormir a gusto, nos levantamos
un domingo de abril encapotadísimo. No lograremos
disfrutar hoy de una cumbre despejada.
Aun
así, hemos venido a conquistar la cima por
el embudo, y a ello vamos. La temperatura no es
demasiado baja, y tras acercarnos con el vehículo
a una explanada, encontramos una pista agrícola
en dirección al embudo por donde nos aproximamos
a nuestro objetivo entre campos de cultivo.
Ascendemos
en dirección al embudo por enmedio de un
bosque, por una pendiente muy empinada y penosa,
hasta que hacemos una parada para ponernos las polainas.
La nieve está papa y húmeda, por lo
que no va a ser facil avanzar.
Después
de ganar algo de altura, empieza a hacer acto de
presencia el viento. Su frio látigo comienza
a azotarnos, cada vez más fuerte. Pero no
hay nada mejor para quitarse el frío que
ascender por un empinado corredor de nieve y piedra
suelta en el que das un paso y retocedes dos.
Poco
a poco vamos ganando altura, y cada vez hay más
nieve. Ésta empieza a tener más consistencia,
facilitando la progresión. Pero el viento
sigue soplando cada vez con más fuerza, y
para colmo, hemos entrado en la base de la nube
que cubre la cima, por lo que cada vez vemos menos...
Tras
otro rato ascendiendo, llegamos al cordal cimero.
El viento que nos recibe cuando el lomo de la montaña
deja de protegernos es brutal. De repente, empieza
a oscurecerse más y más, hasta casi
hacerse de noche. A duras penas vemos la huella,
entre la niebla, el viento y la escasa luz. Eolo
nos zarandea como a peleles, y cuesta dar un paso
manteniendo el equilibrio. Pocas veces, en tantos
años de montañismo, me he encontrado
con una ventisca como esta. Eva está muy
asustada. Es su primera vez en alta montaña,
y es demasiado. Tras unos minutos intentando llegar
a la cima, decido no exponerla a peligros innecesarios,
que la estimo mucho, y damos la vuelta...
|
|
|
|
| |
|
|
|
| |
Ha
sido un buen susto. Por un momento incluso yo me
preocupé. Apenas nos podíamos oir
gritándonos al oído. Para colmo, comenzaron
a oirse truenos. Y nosotros allí expuestos,
en medio de todo el marrón.
Pocas
veces me he dado la vuelta en la montaña,
y me enorgullezco de haberlo hecho sólo cuando
realmente era necesario. Y creo que de nuevo había
acertado. La situación no habría traido
más que complicaciones, y pocas alegrías,
porque celebrar una cima con visibilidad nula, con
vientos de más de 70 km/h, rayos y truenos
amenizando el ambiente y un frío del cagarse,
no es un grato recuerdo, que digamos.
Nada,
nada. Esta bonita montaña hay que disfrutarla
como toca: en un frio día de invierno, con
nieve dura, tiempo soleado y despejado. Vendremos
en enero o febrero. Eso si, nada de cenar en el
restaurante, que no está el Euribor para
ir gastándose 60€ en una cena, por muy
bueno que esté...
|
|
| |
|
|
|
|
|
|