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MONT BLANC DU TACUL (4.248 M)_________ _________

El guardián de los tres montes

El Mont Blanc de Tacul es el guardián de la ruta conocida como de "Los tres montes" o de "Los cuatromiles". Con sus 4.248 m su impresionante cara Norte, cargada de seracs amenazantes, representa el primer bastión a superar en el largo camino hacia la cumbre de Europa occidental por esta vía.

La hermosa cara Norte del Mont Blanc du Tacul, impresionante desde el refugio de Cosmiques

Es también el más fácil (relativamente hablando: ningún cuatromil se puede considerar realmente "fácil") de los picos de más de cuatromil metros del macizo del Mont Blanc, y su ascensión es muy rápida gracias a la proximidad del excelentemente situado refugio de Cosmiques, así como a las facilidades que aporta en la aproximación el vertiginoso teleférico de la Aiguille du Midi.

Sin embargo, y a pesar de todas estas facilidades, no hay que menospreciar a esta hermosa montaña. Con mal tiempo, las dificultades para encontrar el camino de vuelta, así como sus aéreas paredes de hielo, el frío y el peligro continuo de caida de enormes séracs pueden convertir a esta aparentemente fácil montaña en un infierno.

LOS DATOS
Cómo llegar : Desde Chamonix, tomar el teleférico de la Aiguille du Midi (37 € en verano de 2007) que nos deja a 3.800 m. Desde aquí, bajar por la afilada arista hasta el plateau glaciar del Valeé Blanche, desde donde el camino hasta el refugio es evidente.
Dificultad: PD+
Tiempo de ascensión: Desde el refugio de Cosmiques, 3 h para subir y 2 h para bajar.
Refugio Cosmiques: Teléfono +33-450-544-016

Descripción de la ruta: Desde el refugio, descender al plateau glaciar y dirigirse a la inmensa cara Norte del Tacul, ascendiendo por el cono de su base hasta encaramarnos por la pared helada. Seguir la marcada huella hasta la primera rimaya, donde puede ser necesario algun paso de escalada en hielo. Seguir ascendiendo en zig-zag hasta otra posible rimaya, más o menos abierta, y superarla lateralmente por una pendiente muy inclinada (60º) hasta el lomo del Tacul. Desde aqui, dirigirnos hacia la rocosa cima, en la que habrá que superar algunos pasos delicados de roca y hielo para ganarla. Ojo con las aglomeraciones de gente y el hielo en las rocas de la cima.

LA ASCENSIÓN AL REFUGIO
Jueves 17 de agosto de 2007. Nos levantamos pronto para ir preparando el equipo. Hemos quedado a las 9 h con Bruno, que llegó ayer de España, en la entrada del teleférico de la Aiguille du Midi.

El teleférico bulle de gente, la inmensa mayoría turistas. A pesar de la acostumbrada presencia de alpinistas tanto en el pueblo como en el teleférico, los turistas que disfrutan de Chamonix por primera vez se sorprenden al vernos con nuestro material y equipo, sobre todo los japoneses.

El viaje en el teleférico es divertido, a pesar de sentirte como en una lata de sardinas. Pero lo realmente impresionante, es la sensación una vez llegas arriba: cuando sales del muelle de llegada y llegas al puente que une la estación del teleférico con la aguja, de repente tienes delante de tus narices el Mont Blanc en todo su esplendor, el Valle Blanco al alcance de tu mano, el glaciar de Bossons desparramándose bajo tus piés, la arista de Midi-Plan, por la que en breves minutos habremos de bajar, tan afilada... Te faltan ojos para abarcarlo todo!!

Momento durante el descenso de la afiladísima arista Norte de la Aiguille du Midi

Después de hacer unas fotos y disfrutar un poco de las vistas y el ambiente, nos dirigimos a la cueva de hielo, donde nos equipamos para descender por la arista y atravesar el glaciar en dirección al refugio de Cosmiques.

El descenso por la helada y afiladísima arista es espectacular. Así, en frío, toca bajar por una cuchilla desde la que ves por el rabillo del ojo Chamonix justo a 2.700 m más abajo, casi en vertical!!!

El camino hasta el refugio de Cosmiques es muy sencillo. Atraviesas algunas pendientes en la que se vislumbran profundas grietas, lo cual te hace darte cuenta dela situación real: esto no es para turistas ya. Esto es alta montaña, la más alta de Europa!

Tras subir por una empinada pendiente de unos 100 m, llegamos al refugio, estratégicamente situado en un resalte de la arista Sur de la Aiguille de Midi, o de los Cosmiques.

En esta foto se aprecia la huella que nos lleva a la cima del Tacul, teniendo como puntos críticos las dos rimayas, que dependiendo del año, están más o menos abiertas, incrementando o no la dificultad, e incluso obligando a variar el itinerario.

El refugio es una maravilla. A parte de su magnífica situación, está muy bien construido, es acogedor, limpio y se come muy bien. Eso si, es caro de cojones (48 euros/dia la media pensión), pero bueno, vale la pena.

Almorzamos y después pasamos la tarde estudiando la cara Norte del Tacul, viendo cómo bajan las cordadas que partieron hacia su cima esa mañana, o los que vuelven del Mont Blanc. Las vistas son mágicas, aunque el frío vespertino finalmente nos obliga a entrar en el comedor.

Disfrutamos de una rica y copiosa cena a las 7 de la tarde, regada con buen vino español (Castillo de Almansa), que fue lo que más nos gustó a Bruno y a mi. A Eva lo que le chifló fue el postre, del que repitió y todo!

Tras la sobremesa, disfrutamos de una puesta de sol magnífica, con un mar de nubes bajo nuestros piés que hizo las delicias de nuestras cámaras. Abajo, en Chamonix, el cielo estaría completamente cubierto y oscuro. Aquí arriba, el sol quemaba su último cartucho calentándonos con sus últimos rayos en un cielo azul completamente despejado. Al poco, el frío y la oscuridad lo inundaría todo. Es hora de acostarse: mañana será un gran día.
Fabulosa puesta de sol desde el refugio de Cosmiques
LA ASCENSIÓN

4:50 h de la madrugada: ya es hora de levantarse. Tomamos el desayuno a las 5:00, nos preparamos y salimos del refugio. Estamos a 3.613 m de altitud, y el frío aire de la mañana (-5ºC) nos azota con dureza (y eso que es agosto, no quiero pensar el frío que hará aqui en enero...).

Comenzamos a andar aun de noche. Descendemos al Vallee Blanche y nos dirigimos al Tacul. Al rato, mientras llegamos a la base de la cara Norte del Tacul, disfrutamos de un increiblemente bello amanecer, de los mas hermosos que he visto en mi vida. Me quedo sin palabras observando los colores y los matices de las nubes, el brillo del naciente sol sobre la costra helada de la nieve, el color rosado-azulado del hielo...

Extremadamente bello amanecer sobre el Valle Blanco, con las Jorasses y Dent du Geant a la derecha

Entre tanta belleza, en la que apenas nos atrevemos a importunar con nuestras palabras, llegamos a la base del Tacul. Comenzamos a ascender por el cono de nieve y hielo, que poco a poco va ganando pendiente.

Pronto, nuestros jadeantes pulmones funcionan a toda máquina, intentando robar al tenue aire el escaso oxígeno que contiene, y que desesperadamente demandan nuestros músculos.

Si de lejos impresiona, no os quiero contar qué sensaciones más indescriptibles produce el estar luchando contra el frío, el cansancio y la pendiente mientras te hallas rodeado de enormes seracs, bloques de hielo centenarios que amenazan con desprenderse y aplastarte cual vulgar chinche de un momento a otro.

Todavía vemos encendido el alumbrado público de Chamonix, 3 km más abajo, y aquí estamos nosotros disfrutando como enanos. Es dificil explicar a alguien que no sea alpinista o escalador cómo es posible que pasar frío, sufrir físicamente por el esfuerzo, jugarse el tipo entre el hielo y la roca te pueda hacer disfrutar.

No tiene nada que ver con la adrenalina, ese burdo placer que tan pronto vino se fue, y que hordas de anormales irresponsables predican como el objetivo de sus absurdos "deportes" (puenting, carreras ilegales de coches, motos de agua, quads, etc.).

No, no se trata de eso. Se trata de la contemplación. Se trata de sentir de verdad. De ser plenamente consciente de tu vida, de tu tamaño ridículo en el mundo, en el universo de la naturaleza. De darte cuenta de que problemas del tamaño de esta montaña que estás escalando se pueden resolver con una mezcla de tesón, esfuerzo, trabajo, técnica, inteligencia y valor. Es una lección vital, que cala en el espíritu, y que te hace ver los pequeños problemas de la vida cotidiana como algo ridículo, porque no resisten la comparación con los problemas que te encuentras y tienes que resolver aquí, donde te juegas la vida. Esa es la esencia de este deporte, más que deporte, forma de ver la vida. Es casi una religión...

En pleno ascenso por la empinada y gélida cara Norte del Tacul

Vamos superando poco a poco la pared. Nos encontramos con la primera rimaya, que nos obliga a hacer un paso de hielo corto pero intenso, para superar la oscura grieta de 20 m de profundidad que se abre a nuestros pies.

Después, nos las vemos con la segunda rimaya, en al que la mayor dificultad radica en la pendiente enorme de 60º de inclinación que amenaza con lanzarte al vacío si das un paso en falso...

Después del mal trago de la 2ª rimaya, llegamos al lomo u hombro del Tacul. La vista sobre Mont Maudit es espectacular. Algunos alpinistas siguen hacia el Maudit. El resto, seguimos ascendiendo al Tacul. La cima se ve cercana. Es una pequeña torre rocosa que sobresale unos 30 o 40 m sobre la parte superior del hombro.

Eva se siente mal. Le duelen las muelas, la cabeza y el estómago. Síntomas clásicos de mal de altura. Decide esperarnos mientras los demás atacamos la cima. La doy un analgésico-antiinflamatorio, la abrigamos y parapetamos del viento con las mochilas, y comenzamos a subir sin perder un minuto.

Para hacerse con la cima hay que superar un mixto delicado, de hielo duro y roca resbaladiza. A eso se le suma la dificultad de bregar con las múltiples cordadas que acosan la cima. Finalmente, no sin riesgo, alcanzamos la ansiada cima! Bien!

Mont Blanc y Mont Maudit desde la cima del Tacul. El Mont Blanc se ve tan cerca...

Las vistas desde la cima son fabulosas. Cervino, Monte Rosa,... Un día genial! Rápidamente, emprendemos el descenso. Para bajar hay que coger nº, como en la pescadería. Cuando conseguimos bajar nos sentimos aliviados. El verdadero peligro en la montaña es la gente irresponsable que se dedica a pasar por encima de tu cuerda, a empujar y arriesgar su vida y la de los demás.

Afortunadamente, Eva no ha empeorado, pero tiene mucho frío, está confusa y asustada. Empieza a tener problemas de coordinación. Emprendemos el descenso sin esperar a Vicente y a Pili, que se hayan enzarzados en un lío de cordadas. Hay que bajar deprisa, el mal agudo de montaña o mal de altura no se pasa con analgésicos, y la única solución es bajar. La confusión y debilidad que producen sus primeros síntomas pueden comprometer el descenso si este posee pasos delicados, como es el caso, por no mencionar la posibilidad de desarrollar un edema pulmonar o cerebral...

 

Finalmente, todo queda en un susto. Después de descender unos cientos de metros Eva comienza a sentirse mejor, e incluso salta la primera rimaya como una campeona de gimnasia, no como los rusos que teníamos detras, que se dieron un buen guarrazo, jojo! Aunque al menos no cayeron en la grieta...

Una vez abajo, fuera de la posible trayectoria de caida de seracs, nos podemos relajar por fin, y hacemos unas fotos, satisfechos y contentos por los logros conseguidos. Hemos coronado nuestra primera montaña de más de 4.000 m, ha hecho un día fabuloso y no hemos tenido ningun problema. Todo un éxito más de La Montaña es mi Reino!!

 

Volvemos al refugio, donde habíamos dejado parte del equipo para ir más ligeros. Comemos y nos tomamos unas cervezas para celebrar el nuevo éxito, y comentamos las mejores jugadas. Somos muy felices...

Pero toda aventura llega a su fin, y esta no va ser una excepción, por mucho que nos empeñemos. Tenemos que volver a Chamonix. Pero aun nos queda algo de diversión: hay que volver a subir por la arista Norte de la Aiguille de Midi!!! Hasta otra, Mont Blanc!!!

 Ascendiendo por la arista de la Aiguille du Midi, de vuelta a Chamonix

 

 

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